24.02.2016 No Comments

Edita la novela de su mujer 70 años después de que ella la escribiera

 

Salvador Mercé y Carmen Cervelló, instantes después de recibir los ejemplares de El señor de Möweschloss.

Salvador Mercé y Carmen Cervelló, instantes después de recibir los ejemplares de El señor de Möweschloss.

Todas las novelas tienen tras de sí la historia de su creación y edición, pero sólo algunas de estas historias, por su singularidad, merecen ser contadas. Es el caso de El señor de Möweschloss, una novela escrita hace setenta y cinco años que ha visto la luz recientemente.

Portada 'El señor de Möweschloss', de Carmen Cervelló.

Portada ‘El señor de Möweschloss’, de Carmen Cervelló.

Salvador Mercé y Carmen Cervelló se conocieron en el Examen de Estado, la antigua prueba de selectividad, cuando ambos tenían diecisiete años. Ahora están a punto de cumplir noventa. Pronto comprobaron que eran compatibles y que estaban a gusto juntos. Ella no tardó en comunicarle que había escrito una novela a mano, y él tardó menos aún en regalarle una máquina de escribir para que la pasara a limpio. Ella lo hizo y guardó el texto mecanografiado.

El señor de Möweschloss, que Carmen firmó con el seudónimo de Amarilis, cuenta la historia de una joven berlinesa que huye de casa y de su madrastra para trabajar como escribiente en un castillo de Renania, a orillas del Rin, bajo la tutela de un misterioso señor.

El manuscrito estuvo años extraviado

Pasados los años, cuando Salvador y Carmen ya estaban casados, extraviaron el manuscrito original durante una mudanza. La copia mecanografiada, que también estuvo años perdida, fue encontrada hace poco y ha permitido rescatar esta historia.

Carmen Cervelló, pocos años después de escribir su novela.

Carmen Cervelló, pocos años después de escribir su novela. Abajo, la pareja durante un día de playa.

Cuando Salvador se puso en contacto con Amundsen para editar la novela dudamos de la viabilidad del proyecto. ¿Una novela escrita hace más de setenta años por una adolescente? Teníamos dudas respecto a la calidad del texto. Sin embargo, esas dudas se disiparon rápidamente tras la primera lectura. Aquella niña de la posguerra era dueña de una prosa precisa, con gran riqueza de léxico, y manejaba con soltura diálogos, descripciones y escenas. Además, exponía con una madurez impropia de su edad los sentimientos y las motivaciones de los personajes implicados en esta original historia de amor.

Inocencia adolescente

Una vez leído el texto nos citamos con Salvador. Acordamos editar la novela, que no ha necesitado apenas cambios, sólo pequeños reajustes técnicos y de estilo que conservan intacto el espíritu, la estructura y sobre todo la inocencia adolescente de la versión original. También decidimos enriquecer la edición con dibujos en tinta china, al estilo de las novelas románticas de la época. Un extremo que finalmente se acordó y que se puso en manos de la ilustradora Yolanda León, que ha plasmado con destreza la riqueza paisajística de los burgos renanos.

Con el texto ya editado y algunos bocetos para enseñar, Salvador volvió a citarnos. Pudimos conocer a la autora en persona, a la Carmen de 2015, que lucha contra el Párkinson. Sólo la conocíamos a través de su texto. La enfermedad le roba partes de su memoria y solo a ratos es capaz de rescatar viejos recuerdos. Una sonrisa le iluminó la cara al ver el dibujo de la roca de Loreley: sin duda, Carmen regresó a principios de los años cuarenta, cuando estudiaba alemán y quería ser escritora. «¿Qué estáis haciendo con eso?», preguntó mientras se reía divertida. «Es su novela, El señor de Möweschloss, vamos a editarla por encargo de su marido». Ella puso cara de sorpresa y su sonrisa se agrandó.

Panorámica de Caub y Pfalz, algunos de los lugares donde transcurre la historia.

Panorámica de Caub y Pfalz, algunos de los lugares donde transcurre la historia.

Un regalo y un acto de amor

Con la iniciativa de publicar esta novela, Salvador ha hecho un regalo a mucha gente. Eso nos incluye. Nunca habíamos afrontado un proyecto de estas características y lo hemos disfrutado desde el principio. El rescate de El señor de Möweschloss ha permitido sacar a la luz un pequeño pedazo de la historia de este país, que nos habla de la inquietud de una adolescente criada en una familia acomodada —acabó siendo médico, como su padre— , lo que le permitió desarrollar sus inquietudes intelectuales y plasmarlas en esta obra. En sus páginas podemos encontrar una historia de amor muy distinta de las que se escriben en la actualidad, que nos da testimonio de cómo eran las relaciones de noviazgo hace siete décadas.

La edición de El señor de Möweschloss es sobre todo un acto de amor. Tras setenta y cinco años compartidos, Salvador ha demostrado que el cariño y admiración por su mujer siguen intactos. Carmen apenas alcanza a entender, atrapada por el Párkinson, la envergadura de este homenaje.

«Se me acaba el tiempo», suele decir Salvador cuando piensa en todas las cosas que todavía tiene por hacer, como aprender a tocar el piano o desarrollar nuevas aplicaciones para tablet. Ojalá que ese tiempo sea mucho, pero Salvador ya puede dormir un poco más tranquilo. Su nueva declaración de amor hacia su compañera ya está impresa.

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