Turismo infectado: afrontemos un nuevo futuro

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8.04.2020 1 Comment
  • 📖  Las crisis pueden y deben aprovecharse para mejorar. Redefinir los modelos actuales, y determinar qué queremos ser y cómo llevarlo a cabo en el nuevo paradigma son reflexiones más que necesarias.
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Lee el post completo con la visión sobre esto de Jordi Llobregat. Responsable de Estudios e Investigación Turística de Amundsen

El turismo, uno de los pilares de la globalización, es también y, de forma consecuente, uno de los sectores más castigados por la pandemia que se extiende por todo el planeta.

En una evaluación inicial, la Organización Mundial del Turismo calculó una caída de las llegadas de turistas internacionales de entre el 1% y el 3%, cuando las previsiones se establecían al principio de año de un incremento del 4%. Esos cálculos suponen unas pérdidas de entre 30.000 a 50.000 millones de dólares. Sin embargo, según avanza la enfermedad, con la mitad de la población mundial confinada, estos datos están quedando obsoletos. El impacto empieza a ser difícil de medir y las cifras cambian de un día para otro.

Se espera que las pequeñas y medianas empresas, que representan el 80% del sector, sean las más afectadas. Otras, no tan pequeñas y sí muy determinantes, prevén ya ajustes, como así ha anunciado Lufthansa que reducirá su flota y plantilla. No tardaremos en ver, pues, una escalada en esta línea. La estructura de la oferta turística se va a contraer como cuando te pegan un puñetazo en el estómago.

El sector en España representa cerca del 12% del PIB y constituye el 13% del empleo nacional. Las decenas de millones de turistas que nos visitan cada año son una contribución esencial en nuestra balanza económica

El sector en España representa cerca del 12% del PIB y constituye el 13% del empleo nacional. Las decenas de millones de turistas que nos visitan cada año son una contribución esencial en nuestra balanza económica. El turismo se caracteriza en nuestro país por su transversalidad y por formar parte del mismo tejido social, lo que le otorga una gran fortaleza. Aunque quizás no tan impactante como esta crisis que se avecina, el sector ya ha pasado por otras dificultades anteriormente demostrando una gran capacidad de resiliencia.

De ello (esperemos) se ha aprendido una lección: las crisis pueden y deben aprovecharse para mejorar. Redefinir los modelos actuales (agotados en algunos casos y poco desarrollados en otros, por incredulidad), determinar qué queremos ser y cómo llevarlo a cabo en el nuevo paradigma son reflexiones más que necesarias.

Esta situación nos recuerda cuan vulnerables somos. Nos sitúa frente a un espejo y la imagen nos llena de incertidumbre. En pocas ocasiones nos hemos enfrentado a un reto tan mayúsculo. Es muy humano sentir miedo. No obstante, tan solo hay un camino. Enfrentarse a ello y vencerlo.

Ahora tomar la decisión de coger un avión, elegir un alojamiento o reservar un viaje a uno u otro destino, ya no será tan fácil en la mente del consumidor.

Por tanto, vayamos asumiéndolo: el mundo no va a ser igual tras el paso del Corvid-19. Las personas van a modificar de forma significativa sus creencias, actitudes y, sobre todo, comportamientos. Quizás incluso se adopten nuevas formas de vida. Por extensión, vamos a ver cambios en los hábitos de compra y usos turísticos. La prudencia azuzada por el temor va a pesar sobre las compras que, habían evolucionado de tal modo que adquirir un vuelo era tan común y sencillo como comprar el pan. Ahora tomar la decisión de coger un avión, elegir un alojamiento o reservar un viaje a uno u otro destino, ya no será tan fácil en la mente del consumidor. Es prácticamente seguro que se va a incrementar de forma muy significativa el turismo doméstico y que recuperará valor el llamado turismo de retorno. Sentirse seguros va a ser determinante.

Recuperar lo perdido

Recuperar lo perdido e incluso ir más allá es posible y va a depender del trabajo que se implemente por parte de todos: agentes, empresas, administraciones y, sobre todo, destinos. Analizar y comprender los nuevos perfiles del turista que se van a generar, conocerlos intrínsecamente, desarrollar planes e impulsar acciones estratégicas que tengan en cuenta la nueva realidad, generar productos adaptados a las circunstancias y establecer nuevas formas de comunicación con el consumidor serán fundamentales. La diferencia entre adaptarse o quedarse fuera.

El resultado final de todo este proceso es que nos obliga a ser mejores. La competitividad tiene nuevas variables y debemos adoptarlas con agilidad. Es un desafío para todos, pero serán aquellos que trabajen con la mejor información posible y con criterios estratégicos los que solventarán su presente y se asegurarán el futuro.

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  1. Recuperar los destinos turísticos tras el COVID. – La Estrategia Indiscreta

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